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La
bella imagen que aparece arriba, corresponde a una recreación
pictográfica de la Gran Tenochtitlan, tal como se supone que
lucía poco antes de la llegada de los conquistadores españoles
en 1519. Esta pintura al óleo de Luis Covarrubias se encuentra
(sin números, ¡claro está!) en el
Museo de la Ciudad de México
y muestra una vista aérea de la gran ciudad mexica y sus grandes
lagos vistos desde el poniente. Como puntos de referencia
aparecen numerados como sigue: 1.-
Centro Ceremonial, sede del Templo Mayor, 2.- Centro comercial y
ceremonial de Tlatelolco, 3.- Calzada a Tlacopan y Tacuba, 4.-
Calzada a Tepeyacac, 5.- Calzada Iztapalapa y Xochimilco, 6.-
cerro del Peñón parcialmente sumergido, 7.- Albarrada de
Netzahualcoyotl, 8.- Lago de Texcoco, 9.- Lago de México, 10.-
Texcoco. Oprima aquí para ver
la imagen ampliada y sin números.
Quizá muchos mexicanos, como el que esto escribe, aún nos
emocionamos y se nos enchina el cuerpo cuando escuchamos el
himno nacional o vemos flotar en el aire nuestra gran enseña
nacional, pero es probable que además de ello, siempre habríamos
querido conocer más de nuestros orígenes, de nuestras raíces, de
las cuales nos sentimos orgullosos; desde los misteriosos
Olmecas, los Toltecas, las civilizaciones perdidas de
Teotihuacanos y Mayas hasta desembocar finalmente en esa
esplendorosa Civilización Mexica que vieron y encontraron a su
llegada los conquistadores españoles encabezados por Hernán
Cortés y que después, aún sabiéndolo, de manera aparentemente
incomprensible acabaron por destruirla ...
Que espectáculo tan maravilloso debió de ser la Gran
Tenochtitlan, rodeada por enormes lagos que guardaban un
sorprendente equilibrio ecológico e hidráulico, a pesar de que
uno de ellos, el Lago de Texcoco, era de agua salobre y los
demás lo eran de agua dulce. Que grandiosas obras hidráulicas se
habían construido para controlar inundaciones, como la Albarrada
de Netzahualcoyotl y los diques entre los lagos de Chalco-Xochimilco
y de Xochimilco-México, que ingeniosamente regulaban el flujo y
reflujo de las aguas y que decir del sorprendente Acueducto de
Chapultepec que surtía de agua potable la gran ciudad y como no
mencionar la red de canales y acequias que permitían una rápida
transportación de personas y mercancías. ¿Y las chinampas? ese
original sistema de cultivos, inventado por ellos y que aún en
la actualidad subsiste y produce las mejores flores y legumbres
del país. No cabe duda que a pesar de no conocer la
existencia de la rueda para medios de transporte, ni tampoco
tener bestias de carga, la gran cultura mexica había conjuntado
un extraordinario complejo productivo, ingeniosamente apoyado
por las ciudades que desde tierra firme transportaban por rápida
vía fluvial, sus muy variados productos a la Isla de
Tenochtitlan.
En
esta página no se pretende reproducir lo que ya ha sido narrado
por los mismos conquistadores y comentado después por los
conocedores de la materia; lo que realmente se busca es mostrar
mediante imágenes y de manera objetiva, como era el entorno
natural de valles, montañas y lagos que la rodeaban y dentro de
aquel espectacular escenario, en donde y como estaba emplazada
la Gran Tenochtitlan y sus centros ceremoniales del Templo Mayor
y de Tlatelolco.
Sin embargo, lo que si queremos reproducir, al menos en parte,
son algunos de los comentarios elogiosos y de admiración que
hicieron los cronistas de los conquistadores al ver por primera
vez ese magno espectáculo que fue la Gran Tenochtitlan y sus
alrededores y que muy posiblemente, en su momento, fue el más
grande conglomerado humano asentado en medio y en los
alrededores de un sistema lacustre. Entre las crónicas más
interesantes están las de Bernal Díaz del Castillo en su
"Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España", que
aunque fue escrita muchos años después de la conquista, es uno
de los testimonios más fieles e imparciales de todo lo que vio y
de como y cuando sucedió.
Es
evidente que la imagen de arriba no corresponde a la vista que
tuvieron nuestros conquistadores al llegar al Valle de México,
dado que su ruta cruzó entre los volcanes, el Popocatepetl y el
Iztaccihuatl. Tampoco creo que en dicha imagen, corresponda la
ubicación correcta de los volcanes que debieran verse más hacia
la derecha de donde se encuentran ubicados y posiblemente ni
siquiera debieran verse.
En
la imagen que sigue se muestra la ruta que siguieron los
conquistadores desde Veracruz hasta la Gran Tenochtitlan, a la
cual llegaron una vez que descendieron al Valle de México
pasando por Chalco y Mixquic hasta detenerse en Iztapalapa,
antes de entrevistarse con Moctezuma. El excelente mapa que
sigue, fue encontrado en el sitio web de la Universidad de Texas en Austin
y corresponde a un viejo Atlas Histórico desarrollado por
William R. Shepherd en 1923.
La ruta de Cortés inicia en Varacruz y luego
Cempoala, Xalapa, Perote, Tlaxcala, y Cholula, para después
cruzar los volvanes hasta Amecameca. Véase la siguiente imagen
para el resto del recorrido. Oprime aquí para ver el mapa
original a su tamaño
natural
Sin embargo en la imagen de
arriba no se aprecia con claridad la ruta que siguió Cortés para
aproximarse a Iztapalapa y después continuar hasta el Centro
Ceremonial de Tenochtitlan, por lo cual debemos auxiliarnos con
el mapa que veremos a continuación. Este mapa es una sección de
la lámina No. 2 que forma parte del tomo II de la Memoria del
Sistema de Drenaje Profundo del D.F., al cual le hicimos
pequeñas adecuaciones para mostrar en negro la ruta que siguió
Cortés para llegar a Iztapalapa y México
Los números marcados en el mapa
corresponden como sigue: 8.- Alabarrada (dique) construido por
Netzahualcoyotl para prevenir inundaciones de la Gran
Tenochtitlan y separar las aguas salobres del Lago de Texcoco de
las dulces del Lago de México, 9.- Calzada secundaria a
Tenayuca, 10.- Calzada principal al Tepeyacac, 11.- Calzada
principal a Tlacopan, 12.- Calzada principal a Iztapalapa, 13.-
Dique de Mexicaltzingo que dividía las lagunas de México y
Xochimilco, 14.- Dique de Cuitlahuac que dividía las lagunas de
Chalco y Xochimilco.
Con línea negra con amarillo se muestra el camino que siguió la comitiva de
Cortés al descender del ahora llamado Paso de Cortés, para
seguir por Amecameca, Tlalmanalco y Chalco. De allí rodeando la
laguna de Chalco, tocaron Mizquic y después cruzaron a través
del Dique de Cuitlahuac (Tlahuac) que separaba los lagos de
Chalco y Xochimilco.
Aunque los conquistadores españoles debieron tener una
extraordinaria visión de los grandes lagos y ciudades que
conformaban el Valle de México desde que lograron cruzar entre
los volcanes, una visión cercana de la Gran Tenochtitlan no
pudieron tenerla hasta que llegaron al poblado de Iztapalapa y
posiblemente observándola desde el Cerro de la Estrella o el
Cerro de Sta. Catarina.
Pero veamos primero que es lo que vieron y comentaron cuando,
después de bordear el lago desde Chalco llegaron hasta Mizquic y
después decidieron cruzarlo a través del Dique de Cuitlahuac:
Bernal Díaz del Castillo dice en relación con Mizquic:
«...e fuimos a dormir a otro pueblo que está poblado en la
laguna y que me parece se dice Mezquique [Mizquic] que después
se puso nombre Venezuela y tenía tantas torres y grandes cúes
que blanqueaban, y el cacique de él y principales nos hicieron
mucha honra... »
Y
al siguiente día una vez que partieron con rumbo a Iztapalapa:
«... Y otro día por la mañana llegamos a la calzada ancha y
vamos camino de Iztapalapa. Y desde que vimos tantas ciudades y
villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes
poblazones, y aquella calzada tan derecha y por nivel como iba a
México, nos quedamos admirados y decíamos que aquello parecía a
las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís,
por las grandes torres y cúes
y edificios que tenían dentro en el agua y todos de calicanto y
aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían
si era entre sueños, y no es de maravillar que yo escriba aquí
de esta forma porque hay mucho que ponderar en ello que no se
como lo cuente: ver cosas nunca oídas, ni aun soñadas como
veíamos ...»
Y
otro de los testigos de la conquista de la Nueva España, Fray
Francisco de Aguilar relata en relación con el cruce de la
laguna a través del dique de Cuitlahuac:
«... entraron a Cuitláhuac los españoles y demás acompañantes,
muy sorprendidos al contemplar la belleza de la ciudad con sus
grandes torres, iban por una angosta calzada en la que apenas
podían pasar dos en caballo toda era de puentes elevadizos ...»
Quiere decir que las
compuertas reguladoras que de trecho en trecho había en la
calzada y mediante las que se podía ajustar el paso del agua de
un lago a otro, eran en verdad puentes levadizos, lo cual les
dio mucho qué pensar a Cortés y su comitiva, pues advirtieron
que si los quitaban, ellos quedarían aislados e indefensos. Esa
era la fuerza del lago contra los invasores y por esta razón
Cortés ordenó seguir adelante y no parar en Cuitláhuac, que era
entonces una isla al centro del lago y continuaron por la misma
calzada hasta llegar a Iztapalapa.
Pero veamos que comenta Bernal Díaz
del Castillo sobre Iztapalapa y el lugar donde estuvieron
alojados:
«... Y después que entramos en aquella ciudad de Iztapalapa,
de la manera de los palacios donde nos aposentaron, de cuán
grandes y bien labrados eran, de cantería muy prima y la madera
de cedros y de otros buenos árboles olorosos, con grandes patios
y cuartos, cosas muy de ver y entoldados con paramentos de
algodón. Después de haber visto todo aquello fuimos a la huerta
y jardín que fue cosa muy admirable verlo y pasearlo, que no me
hartaba de mirar la diversidad de árboles y los olores que cada
uno tenía y andenes llenos de rosas y flores y muchos frutales,
y rosales de la tierra, y un estanque de agua dulce, y otra cosa
de ver: que podían entrar en el vergel grandes canoas desde la
laguna por una abertura que tenían hecha sin saltar en tierra
... Digo otra vez lo que estuve mirando, que creí que en el
mundo hubiese otras tierras descubiertas como éstas ... Ahora
todo está por el suelo, perdido que no hay cosa ...»
Recuérdese que Bernal Díaz escribió
sus recuerdos alrededor de 30 años después de haber entrado a
Tenochtitlan con Cortés y por eso puede comentar que para esa
época, cuando lo escribió, ya la civilización mexica había sido
totalmente destruida. Vean enseguida como lo vuelve a aseverar:
«...Y diré que en aquella sazón era muy gran pueblo y que
estaba poblada la mitad de las casas en tierra y la otra mitad
en el agua , y ahora en esta sazón está todo seco y siembran
donde solía ser laguna. Está de otra manera mudado que si no lo
hubiere de antes visto dijera que no era posible que aquello que
estaba lleno de agua, que esté ahora sembrado de maizales ...»
Para poder invadir
Tenochtitlan después de sitiarla, Cortés mandó construir 13
bergantines y para darles paso por el Lago de Texcoco fue
necesario destruir parte de la Albarrada de Netzahualcoyotl, por
otra parte en otra desafortunada decisión, mandó tapar todas las
acequias y definitivamente cambió el equilibrio hidráulico del
Valle de México, iniciándose la desecación paulatina de los
lagos.
Pero decía al
principio que para poder describir la calzada de Iztapalapa, tal
como lo hace Bernal Díaz, es muy posible que haya tenido la
oportunidad de verla desde lo alto, quizá desde el Cerro de la
Estrella o el Cerro de Sta. Catarina
y para fortuna nuestra existe una recreación pictográfica de la
Gran Tenochtitlan que coincide con el magno escenario que
desde arriba y ante sus asombrados ojos, pudieron ver las
huestes de Cortés cuando llegaron a Iztapalapa.
La imagen que se muestra enseguida
concuerda con la orientación, disposición y calzadas que
describimos en el mapa de la ruta de Cortés y se la debemos al
ingenio y ardua labor de nuestro compatriota Tomás Filsinger
, el
mismo a quien debemos la representación tridimensional en realidad virtual que
se exhibe en este sitio. Agradezco sinceramente al buen amigo
Tomás, esta gran aportación que permite a las generaciones
actuales disfrutar de la
extraordinaria y bellísima imagen que debieron tener Hernán
Cortes y sus soldados, cuando ya se aproximaban y vislumbraban por primera vez, la
extraordinaria escena de la Gran Tenochtitlan.
¡No cabe la menor duda que debió ser una vista maravillosa!
Vean a continuación esta excelente recreación, o bien oprimir aquí
para ver la versión ampliada.
Esta imagen es propiedad intelectual de Tomás Filsinger y tiene derechos de autor reservados,
por lo que no está permitida su reproducción sin previa
autorización del autor. Oprima aquípara ver esta
espectacular imagen ampliada y la identificación por nombre de
manera interactiva, al pasar el cursor sobre cada sitio.
Al
día siguiente, por la mañana del 8 de noviembre de 1519, sería
un día trascendental y se puso en marcha el ejército
conquistador con su capitán al frente, montado en brioso caballo
y acompañado de otros tres jinetes que formaban la vanguardia.
Seguían cuatrocientos hombres de a pie, resguardados por doce de
a caballo, la artillería, otro escuadrón de jinetes, los bagajes
o impedimenta
y seis mil tlaxcaltecas aliados, más algunos indígenas de
Cempoal.
Desfilaron por la amplia calzada que había construido el Rey
Chimalpopoca, por la que cabían ocho hombres montados, y que
estaba bien empedrada y tenía siete puentes de vigas que la
cortaban a trechos, dando paso a siete canales de las lagunas.
Pero mejor veamos lo que nos narra Bernal Díaz :
«...Ibamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de 8
pasos, y va tan derecha a la Ciudad de México, que me parece que
no se torcía poco ni mucho, y como es bien ancha, toda iba llena
de aquellas gentes que no cabían, unos que entraban en México y
otros que salían, y los indios que nos venían a ver, que no nos
podíamos rodear de tantos como vinieron, porque estaban llenas
todas las torres y cúes y en las canoas y de todas partes de la
laguna, y no era cosa de maravillar , porque jamás habían visto
caballos ni hombres como nosotros ...»
«...Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos que decir, o
si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en
tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y
veíamoslo todo lleno de canoas y en la calzada muchos puentes de
trecho en trecho, y por delante estaba la gran Ciudad de México...»