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EL CENTRO CEREMONIAL Y COMERCIAL DE TLATELOLCO
Evolución de la Gran Tenochtitlan
 
Con "M" de México
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 MEXICO EN TUS SENTIDOS



Autor:
Ing. Manuel Aguirre Botello
Junio, 2003

 

 

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Ing. M. Aguirre

 

 

 

El Centro Ceremonial y Comercial de Tlatelolco

 

Introducción

 

Los Pochtecas

 

Narración de Cortés

 

Narración de Bernal Díaz del Tianguis.

 

Localización del Tianguis

 

Narración de Bernal Díaz del Templo

 

Imágenes.

 

Conclusiones

 

TLACHTLI, EL JUEGO DE PELOTA

 

VISION DE LA GRAN TENOCHTITLAN

 

EL ENCUENTRO DE CORTES Y MOCTEZUMA

 

RECINTO CEREMONIAL Y EL TEMPLO MAYOR

 

EL ENTORNO LACUSTRE DE  TENOCHTITLAN

 

TENOCHTITLAN-Y LA CIUDAD DE MEXICO

 

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Oprime aquí para ver la imagen interactiva con nombres de los templos y lugares de Tlatelolco

Vista actual de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco: al frente y al centro lo que queda de las construcciones  pre hispánicas, atrás el Templo de Santiago Apóstol muestra de la arquitectura colonial  y a la derecha al fondo, el ex-edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores muestra de la arquitectura moderna y seriamente dañado por el sismo de 1985. Esta es una gran imagen lograda por el piloto de helicópteros Oscar RuizHelipilot, que se exhibe aquí por cortesía de su sitio web: www.imagenesaereasdemexico.com  Para ver más detalles y nombres de los templos y lugares de Tlatelolco Oprime aquí.



Tlatelolco fue el centro comercial más importante del México prehispánico y lo que se sabe es que después de fundada Tenochtitlan (en 1325), Huitzilopochtli ordenó a los mexicas que se repartieran sobre los cuatro ámbitos del mundo, por lo que Tenochtitlan de acuerdo con  la primera lámina del Códice Mendocino quedó dividida en 4 grandes sectores, cuyos nombres eran Cuepopan, Moyotlan, Zoquiapan y Atzacualco. Sin embargo una vez que quedó concertada la división de la ciudad, para el año 1337, un grupo que no se sentía conforme con los terrenos adjudicados decidió buscar otro sitio  y se asentaron entre el lago y los carrizales, en una terraza (tlatelli) o un xaltilolli, punto “arenoso” palabras de las cuales proviene el nombre de Tlatelolco con el que se identificaron. Otras fuentes dicen que los tlatelolcas llegaron directamente a fundar ese sitio, sin haber estado antes en Tenochtitlan.

Independientemente de que Tlatelolco haya sido fundado antes o después de Tenochtitlan, ambos nacen y comparten el mismo destino. Los tenochcas o mexicas controlaron el poder ideológico, político y económico; los tlatelolcas dirigieron el comercio. En 1428 luego de la liberación del señorío de Azcapotzalco, los mexicas se reorganizaron para trasladar el mercado de Tenochtitlan a Tlatelolco, ello originó el tianguis más importante del México prehispánico. Los mexicas, aun después de dividirse el poder, continuaron con sus diferencias, las cuales culminaron en una guerra en 1473. Axayacatl, gobernante tenochca, subordinó al pueblo tlatelolca.

En 1515 Cuauhtémoc fue elegido gobernante de Tlatelolco. A la llegada de los conquistadores españoles, Moctezuma Xocoyotzin gobernaba Tenochtitlan; tras la muerte de éste, los mexicas eligieron a Cuauhtémoc señor de las dos ciudades y combatió contra los hispanos hasta que fue sitiado en esa ciudad, cuyos habitantes resistieron durante 80 días, al final de éstos Cuauhtémoc cayó prisionero.

El 13 de agosto de 1521 fue finalmente capturado por Diego de Holguín. La caída de Tlatelolco marcó el fin del más importante Imperio mesoamericano. La colaboración de los pueblos hasta entonces sometidos a la hegemonía azteca facilitó la expansión de la empresa conquistadora. Enseguida se muestra la placa que conmemora la caída de Tlatelolco en la explanada de la actual Plaza de las tres Culturas
Fuente:  Miniguía editada por el INAH.
 


 

Para seguir con la idea original de estas páginas aparte de mostrar algunas imágenes de lo que queda del imponente Templo Mayor y de las recreaciones de lo que pudo ser el más grande mercado  que existió en el México prehispánico  trataré de mostrar de que manera quedaron impresionados tanto Cortés como Bernal Díaz del Castillo, cuando fueron a conocer aquel sitio y para ello habré de intercalar  algunos de los párrafos más interesantes de sus bastante extensos relatos.
A continuación  aparece una foto parcial de la maqueta del mercado de Tlatelolco que se encuentra en el Museo Nacional de Antropología, ubicado en el Bosque de Chapultepec, en México, D.F.
 


Un sector del grupo de los pochtecas, individuos especializados en el comercio
, vendía e intercambiaba sus materiales y productos en el gran mercado de Tlatelolco. En aquel tiempo el intercambio se hacía por trueque directo, ya fuera ofreciendo un producto por otro, o bien, cuando se trataba de objetos de gran valor, cambiándolos por cacao, por oro en polvo —en canutos—, o por hachuelas de cobre y ciertos textiles que funcionaban como una especie de moneda.

Estos pochtecas se regían por sus propias leyes jurídicas y comerciales, y para dirimir sus diferencias contaban con tribunales específicos. Para mantener el control en el interior del mercado, los gobernantes del tianguis cuidaban que todos los puestos estuvieran perfectamente ordenados conforme a los productos que se intercambiaban. Por un lado estaban los vendedores de animales, quienes ofrecían xoloizcuintles, o perros de los antiguos mexicanos, conejos, mapaches, armadillos, tejones y tortugas; mientras que otros vendían pájaros con plumajes de gran colorido; allí también podían obtenerse aves de rapiña, serpientes y carne de venado, siempre presente en los banquetes de la nobleza. En otra sección del mercado estaban los puestos de comida preparada, donde las diligentes cocineras palmeaban las nutritivas tortillas que acompañaban los guisos de frijoles y chile; ellas ofrecían además tamales y atole, así como ricos tlacoyos rellenos de haba y frijol. Estas rudimentarias fondas satisfacían las necesidades tanto de los vendedores como de la clientela en su cotidiana visita al mercado.
Fuente: Pasajes de la Historia No. 1

Pero veamos mejor de que manera describió Hernán Cortés el mercado de Tlatelolco cuando envió la segunda carta de relación al emperador Carlos V de España:
 

«... Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan, así de mantenimiento como de vituallas, joyas de oro y de plata, de plomo, de latón, de cobre, de estaño, de piedras, de huesos, de colchas, de caracoles y de plumas; véndese tal piedra labrada y por labrar, adobes, ladrillos, madera labrada y por labrar de diversas maneras. Hay calle de caza, donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así como gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, pajaritos en cañuela, papagayos, búharos, águilas, falcones, gavilanes y cernícalos, y de algunas aves destas de rapiña venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas. Venden conejos, liebres, venados y perros pequeños, que crían para comer, castrados. Hay calles de herbolarios, donde hay todas las raíces y yerbas medicinales que en la tierra se hallan. Hay casas como de boticarios, donde se venden las medicinas hechas, así potables como ungüentos y emplastos. Hay casa como de barberos, donde lavan y rapan las cabezas. Hay casas donde dan de beber y comer por precio. Hay hombre como los que llaman en Castilla ganapanes, para traer cargas. Hay mucha leña, carbón, braseros de barro testeras de muchas maneras para camas, y otras más delgadas para asientos y para esterar salas y cámaras. Hay todas las maneras de verduras que se fallan, especialmente cebollas, puerros, ajos, mastuerzo, berros, borrajas, acederas y cardos y tagarninas, hay frutas de muchas maneras, en que hay cerezas y ciruelas que son semejables a las de España. Venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maíz, que son tan melosas y dulces como las de azúcar, y miel de unas plantas que llaman en las otras y estas maguey, que es muy mejor que arrope y destas plantas facen azúcar y vino, que asimismo vende. Hay a vender muchas maneras de filado de algodón, de todos los colores, en sus madejicas, que parece propiamente alcaicería de Granada en las sedas, aunque esto otro es en mucha más cantidad. Venden colores para pintores cuantos se pueden hallar en España, y de tan excelentes matices cuanto pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos, blancos y de diversos colores. Venden mucha loza, en gran manera muy buena; venden muchas vasijas de tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más vedriadas y pintadas. Venden maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, a todo lo de otras islas y Tierra Firme. Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallina y de ánsares y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad; venden tortillas de huevos fechas. Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra, que demás de las que he dicho son tantas y de tantas calidades, que por la prolijidad y por no me ocurrir tantas a la memoria, y aun por no saber poner los nombres, no las expreso. Cada género de mercaduría se vende en su calle, sin que entremetan otra mercaduría ninguna, y en esto tienen mucha orden. Todo lo venden por cuenta y medida, excepto que fasta agora no se ha visto vender cosa alguna por peso. Hay en esta gran plaza una muy buena casa como de audiencia, donde están siempre sentados diez o doce personas, que son jueces y libran todos los casos y cosas que en el dicho mercado acaecen, y mandan castigar los delincuentes. Hay en la dicha plaza otras personas que andan continuo entre la gente mirando lo que se vende y las medidas con que se miden lo que venden, y se ha visto quebrar alguna que estaba falsa ...»
 

En la imagen que sigue se muestra otra sección de la maqueta del mercado de Tlatelolco que existe en el Museo Nacional de Antropología  en la cual se aprecia la similitud que aún existe con los mercados pueblerinos actuales.
 


La descripción que por su parte hace Bernal Díaz del Castillo del día que acompañados por Moctezuma y su séquito visitaron el gran mercado de Tlaltelolco es muy amplia y detallada y forma parte del capítulo 92 de su libro, a continuación incluyo algunos de los párrafos que son por demás interesantes y en momentos muy dignos de asombro:

«...Digo esto porque a caballo nuestro capitán, con todos los más que tenían caballos, y la más parte de nuestros soldados muy apercibidos, fuimos al Tatelulco, e iban muchos caciques que el Montezuma envió para que nos acompañasen; y cuando llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirado de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían; y los principales que iban con nosotros nos lo iban mostrando: cada género de mercaderías estaban por sí, y tenían situados y señalados sus asientos. Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas, y plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías, esclavos y esclavas: digo que traían tantos a vender a aquella gran plaza como traen los portugueses los negros de Guinea, e traíanlos atados en unas varas largas, con collares a los pescuezos porque no se les huyesen, y otros dejaban sueltos.

Luego estaban otros mercaderes que vendían ropa más basta, e algodón, e otras cosas de hilo torcido, y cacaguateros que vendían cacao; y desta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la Nueva-España, puestos por su concierto, de la manera que hay en mi tierra, que es Medina del Campo, donde se hacen las ferias, que en cada calle están sus mercaderías por sí, así estaban en esta gran plaza; y los que vendían mantas de henequén y sopas, y cotaras, que son los zapatos que calzan, y que hacen de henequén y raíces muy dulces cocidas, y otras zarrabusterías que sacan del mismo árbol; todo estaba a una parte de la plaza en su lugar señalado; y cueros de tigres, de leones y de nutrias, y de venados y de otras alimañas, e tejones e gatos monteses, dellos adobados y otros sin adobar. Estaban en otra parte otros géneros de cosas e mercaderías.

Pasemos adelante, y digamos de los que vendían frisoles y chía y otras legumbres e yerbas, a otra parte. Vamos a los que vendían gallinas, gallos de papada, conejos, liebres, venados y anadones, perrillos y otras cosas desde arte, a su parte de la plaza. Digamos de las fruteras, de las que vendían cosas cocidas, mazamorreras y malcocinado; y también a su parte, puesto todo género de loza hecha de mil maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chicos, que estaban por sí aparte; y también los que vendían miel y melcochas y otras golosinas que hacían, como nuégados.
Pues los que vendían madera, tablas, cunas viejas e tajos e bancos, todo por sí. Vamos a los que vendían leña, ocote e otras cosas desta manera. ¿qué quieren más que diga? Que hablando con acato, también vendían canoas llenas de hienda de hombres, que tenían en los esteros cerca de la plaza, y esto era para hacer o para curtir cueros, que sin ella decían que no se hacían buenos.

Bien tengo entendido que algunos se reirán desto; pues digo que es así; y más digo, que tenían hechos de cañas o paja o yerbas porque no los viesen los que pasasen por ellos, y allí se metían si tenían ganas de purgar los vientres porque no se les perdiese aquella suciedad. ¿Para qué gasto yo tantas palabras de lo que vendían en aquella gran plaza? Porque es para no acabar tan presto de contar por menudo todas las cosas, sino que papel, que en esta tierra llaman amatl, y unos cañutos de olores con liquidámbar, llenos de tabaco, y otros ungüentos amarillos, y cosas deste arte vendían por sí; e vendían mucha grana debajo de los portales que estaban en aquella gran plaza; e había muchos herbolarios y mercaderías de otra manera; y tenían allí sus casas, donde juzgaban tres jueces y otros como alguaciles ejecutores que miraban las mercaderías. Olvidádoseme había la sal y los que hacían navajas de pedernal, y de cómo las sacaban de la misma piedra.

Pues pescaderas y otros que vendían unos panecillos que hacen de una como lama que cogen de aquella gran laguna, que se cuaja y hacen panes dello, que tienen un sabor a manera de queso; y vendían hachas de latón y cobre y estaño, y jícaras, y unos jarros muy pintados, de madera hechos. Ya querría haber acabado de decir todas las cosas que allí se vendían, porque eran tantas y de tan diversas calidades, que para que lo acabáramos de ver e inquirir era necesario más espacio; que, como la gran plaza estaba llena de tanta gente y toda cercada de portales, que en un día no se podía ver todo
...»
 

Resulta en verdad sorprendente el detalle con que ambos conquistadores describen la gran cantidad de mercaderías, joyas y hasta esclavos que podían ser adquiridos o negociados en trueque en ese gran centro comercial.

A pesar de las imágenes actuales que poseo, las descripciones de Bernal Díaz del Castillo y del Arqueólogo
Salvador Guilliem Arroyo  me resultaba un poco difícil imaginar la disposición original de los templos del centro ceremonial con respecto a la ubicación del gran tianguis. Por tal motivo y con poca fortuna, pues la recreación es burda, me di a la tarea de obtener una vista en perspectiva de la ubicación que tenía el mercado de Tlatelolco en el año de 1521 cuando lo vieron por primera vez Hernán Cortés y sus soldados. De esta manera y advirtiendo que de ninguna manera pretendo decir que la imagen se aproxima a la realidad, por lo menos creo que nos será mucho más fácil entender la descripción de algunos de los párrafos que siguen. Es posible que el INAH tenga una recreación o maqueta, como la hay del Proyecto Templo Mayor del Zócalo, pero no tengo acceso a ella.
A continuación aparece una vista panorámica de la zona denominada Plaza de las Tres Culturas, pero cuando se hace pasar el cursor del mouse sobre la imagen aparece la imagen a que me refiero y que muestra en toda su extensión la explanada del mercado. Ya más adelante mencionaré en que momento fue construido el Templo de Santiago Apóstol.
 


Haga click para ver la imagen ampliada
 

Regresando a la narración que hace Bernal Díaz del Castillo del día que visitaron Tlatelolco, es interesante hacer notar que si el gran mercado era el mayor de México y posiblemente de mesoamérica, es evidente que el centro ceremonial de Tlatelolco era tan importante o más que el del centro de la ciudad. Todo ello se deduce de que Moctezuma, 4 días después de su llegada los llevó personalmente a visitar dichos templos y Díaz del Castillo se refiere en todo momento al templo mayor de Tlatelolco como el "gran cu".
Por otra parte viniendo del centro ceremonial mexica por la calzada que conducía al cerro de Tepeyacac, hemos visto que la comitiva lo primero que visitó fue la zona comercial y una vez recorrida en detalle fue que pasaron al centro ceremonial y a la visita de los templos. Por tal razón resulta lógica la disposición física de la explanada del mercado que se muestra en la imagen de arriba.
Veamos lo que narra Bernal Díaz del Castillo en relación al centro ceremonial:


«...
Y fuimos al gran cu, e ya que íbamos cerca de sus grandes patios, e antes de salir de la misma plaza estaban otros muchos mercaderes que según dijeron, era que tenían a vender oro en granos como lo sacan de las minas, metido el oro en unos cañutillos delgados de los que ansarones de la tierra, e así de blancos porque se pareciese el oro de por defuera, y por el largor y gordor de los cañutillos tenían entre ellos su cuenta qué tantas mantas o qué jiquipiles de cacao valía, o qué esclavos, o otra cualquiera cosa a que lo trocaba. E, así, dejamos la gran plaza sin más la ver, y llegamos a los grandes patios y cercas donde estaba el gran cu, y tenía antes de llegar a él un gran circuito de patios, que me parece que eran mayores que la plaza que hay en Salamanca, y con dos cercas alrededor de cal y canto, y el mismo patio y sitio todo empedrado de piedras grandes de losas blancas y muy lisas, y adonde no había de aquellas piedras, estaba encalado y bruñido, y todo muy limpio, que no hallaran una paja ni polvo en todo él.

Y cuando llegamos cerca del gran cu, antes que subiésemos ninguna grada de él, envió el gran Montezuma desde arriba, donde estaba haciendo sacrificios, seis papas y dos principales para que acompañasen a nuestro capitán Cortés, y al subir de las gradas,
que eran ciento y catorce, le iban a tomar de los brazos para le ayudar a subir, creyendo que se cansaría, como ayudaban a subir a su señor Montezuma, y Cortés no quiso que se llegasen a él; y como subimos a lo alto del gran cu, en una placeta que arriba se hacía, adonde tenían un espacio como andamios, y en ellos puestas unas grandes piedras adonde ponían los tristes indios para sacrificar, allí había un gran bulto como de dragón e otras malas figuras, y mucha sangre derramada de aquel día.
...»

 

Altar y Tzompantli Norte de Tlatelolco: Tanto esta imagen como las siguientes dos, aparecen en el excelente sitio relacionado con la cultura azteca: RUINS OF TLATELOLCO y fueron proporcionadas por el Dr. Manuel Aguilar.


 

Se muestran dos de las etapas constructivas del Templo Mayor de Tlatelolco.
Oprima aquí para ver la imagen a su tamaño natural

 

Imagen que muestra las ruinas del Templo Calendárico de Tlatelolco y al fondo  el Templo de Santiago Apóstol y  los edificios del conjunto habitacional de Nonoalco -Tlatelolco.


(Página en proceso de conclusión)


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Continuación: Entorno Lacustre de Tenochtitlan

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Última revisión: Jueves, 16 Enero 2014.