Autor:
Ing. Manuel Aguirre Botello
Septiembre, 2003
El Paseo de la Reforma tal
cual aparece en una tarjeta postal enviada en 1904, sin embargo la
imagen es anterior a esta fecha. En ella aparecen las
obras de urbanización en proceso, las grandes bancas de cantera que
aún existen en otros camellones del paseo, la estatua ecuestre de Carlos IV
que estaba allí desde 1852 y las majestuosas
figuras de los Indios Verdes que marcaban el inicio de tan hermosa
avenida desde el mes de septiembre de 1889, pero que fueron
retiradas en 1901. Por lo tanto esta foto corresponde a la última
década del siglo XIX.
Antes de iniciar estos párrafos, permítanme
expresarles que al escribirlos no pretendo de ninguna manera narrar
la historia detallada del Paseo de la Reforma, se que investigadores
especialistas como el
Arquitecto Ignacio Ulloa del Río, han escrito en manera amplia y
meticulosa sobre
ésta, la más importante avenida de nuestra gran ciudad. Sin embargo,
si podrán encontrar aquí la información substancial resumida y una
serie de imágenes que tratan de ilustrar con detalle y de manera
objetiva, lo que aquí se
narra de manera sucinta.
Llegué a vivir (por segunda vez) a la Ciudad de México a fines de
1947, como alguna vez dije antes, "cuando era segura y no había
contaminación" y en verdad que era un deleite disfrutar de su
agradable clima y recorrer sin riesgos sus calles y avenidas, ya
fuera a pie o a bordo de sus inolvidables
tranvías amarillos.
Era la época en que Miguel Alemán gobernaba este país y en la que el
Regente de la Ciudad de México era Fernando Casas Alemán, primo del
presidente. También era la época en que el acero estructural y el
concreto hidráulico se utilizaban por todas partes en nuestra gran
capital, como si ésta tuviera gran prisa por cambiar su antigua imagen de
ciudad de los palacios, por la de ciudad moderna, con los más altos
edificios de Latinoamérica.
Muchas estructuras de acero surgieron en aquella época, siendo la
más importante y espectacular la del edificio de la Torre
Latinoamericana de 43 pisos, en Madero y San Juan de Letrán, pero
también fue una de las épocas en las que el Paseo de la Reforma tuvo
que ser remodelado. No es mucho lo que puedo recordar de esos
trabajos, pero si puedo decirles que en esos años se reniveló toda
la avenida, construyendo nuevas guarniciones de concreto y se
renovaron sus carpetas asfálticas, que fueron substituidas por
planchas de concreto hidráulico en toda su extensión.
Esa era la época en que estaba de moda pavimentar las avenidas
utilizando concreto hidráulico y juntas de expansión de tramo en
tramo, por lo que circular en automóvil por el Paseo de la Reforma
provocaba un característico y repetitivo golpeteo de las llantas al
pasar sobre las uniones. También fue la época de los tremendos
congestionamientos de tránsito en la Glorieta de
Cristóbal Colón, hasta que tuvieron a bien abrir los carriles
centrales, para evitar el rodeo de los autos. También, fue la época en que todas las jardineras del
camellón central del Paseo fueron "adornadas" con nopales, visnagas
y cactus, para darle un "toque mexicano". Por suerte y tras de un
corto tiempo y muy fuertes críticas que llevaron a rebautizarlo por
la gente como el "Paseo de la Nopalera", finalmente fue regresado a
su anterior fisonomía, plantando bellos arreglos florales como fueron las dalias,
nuestra flor nacional, en la inolvidable etapa del Regente de Hierro,
Don Ernesto P. Uruchurtu.
Pero bueno, lo importante aquí es que digamos como y porqué surgió la
idea de construir esta bella avenida y trataré de relatarlo a
continuación: El proyecto y construcción de la primera etapa de esta importante
vía fue obra del emperador Maximiliano y la emperatriz
Carlota Amalia.
¿Pero como era el México de aquella época, que había permitido que
el gobierno del país fuera conducido por un emperador de origen
austríaco? Debo reconocer que era en realidad un triste México. Tras
la cruenta Guerra de Reforma que cobró la vida de miles de hermanos
mexicanos y acabó por endeudar aún más a nuestra patria, Don Benito
Juárez al triunfo de los liberales, ascendió al poder y se vio en la
imperiosa necesidad de declarar la
moratoria de pagos por dos años. Esta moratoria que se dio el
día 17 de julio de 1861, fue el detonador de una nueva
intervención extranjera de tres países europeos, España,
Inglaterra y Francia y a pesar de que se pudo negociar con
Inglaterra y España, Francia por el contrario invadió nuestra patria
y con la ayuda de grupos nacionales de tendencia conservadora,
acabaron por imponer un gobierno de tipo monárquico, encabezado por
Maximiliano de Habsburgo en 1864.
Maximiliano, hombre de buena voluntad, había llegado a México
engañado, pues el creía que todo el pueblo mexicano lo apoyaba y
además traía un proyecto de gobierno condenado al fracaso, por las
excesivas obligaciones que por conducto del Tratado de Miramar se
veía obligado a cumplir con Francia.
Ante esa situación Maximiliano y su esposa Carlota al llegar a
México buscaron un lugar adecuado para establecer su residencia y
decidieron instalarse en el Castillo de Chapultepec, único que
podría llenar sus expectativas de vida y semejarse a la que tenían
en Europa. Para ello lo primero que hicieron fue cambiar de
ubicación al Colegio Militar, que hasta entonces ocupaba las
instalaciones del castillo, pero además era necesaria una adecuada
remodelación para poder convertirlo en una digna morada para un
emperador y su esposa y lo fueron modificando hasta lograr
convertirlo en su residencia imperial. Mientras tanto Maximiliano se
veía precisado a despachar sus asuntos de gobierno en el Palacio
Nacional ubicado en el Zócalo, en el centro de la ciudad... y allí
comenzaron los problemas.
La Ciudad de México de 1864, era muy distinta de la que hoy
conocemos, pues apenas si alcanzaba los 200,000 habitantes y la
mancha urbana en dirección al poniente, terminaba en la Glorieta del
Caballito. Pero para entenderlo mejor quiero mostrar la siguiente
imagen de
Casimiro Castro, que ilustra de manera objetiva la situación.
Esta imagen es una
reproducción de media resolución de una impresionante litografía
realizada por Casimiro Castro en 1856, tomada
de la Memoria de las Obras del Drenaje Profundo del D.F. En ella se
muestra la estatua ecuestre de Carlos IV, el Caballito, que llegó
allí en 1852 marcando el inicio del Paseo de Bucareli y a la derecha
aparece la plaza de toros del Paseo Nuevo y al fondo se aprecia el
Acueducto y el Castillo de Chapultepec. Haga click para
ver la imagen ampliada y sin letreros
Para que Maximiliano pudiera trasladarse desde el
Palacio Nacional hasta su casa, tenía que llegar primeramente hasta
la Glorieta del Caballito, cosa que posiblemente no era mayormente
complicada, pues era una línea recta desde Palacio Nacional y que
seguramente era transitable en todo tiempo. Las calles a recorrer en
este primer tramo, tenían los siguientes nombres en orden
consecutivo a partir de la Plaza Mayor: Plateros, La Profesa y San
Francisco en el tramo que hoy conocemos como Madero y la Calzada del
Calvario, para el tramo que hoy conocemos como Avenida Juárez.
Pero llegar a ese sitio era prácticamente alcanzar las orillas de la
ciudad, tal como podemos apreciar en la imagen de Casimiro Castro
que arriba se muestra y que para
nuestra gran fortuna en algún momento posterior a 1852, tuvo a bien
captar para la posteridad. Este gran artista plasmó en sus litografías
(muchas de ellas captadas desde globos aerostáticos)
prácticamente cada rincón de nuestra capital en el siglo XIX, un
extraordinario trabajo si tomamos en cuenta que la fotografía apenas
estaba dando sus primeros pasos. Cosa por demás curiosa es saber,
que posiblemente entre las primeras fotografías tomadas en México,
están las que captó la lente del fotógrafo francés François Auber
tras el
fusilamiento del mismo
Maximiliano en la ciudad de Querétaro, corriendo el año de 1867.
Pero regresemos a la odisea de Maximiliano de Habsburgo para poder
retornar a su casa después de un día de trabajo en Palacio Nacional.
La imagen nos muestra que desde la Glorieta del Caballito podría
verse al fondo y en línea recta el Castillo de Chapultepec, que en
realidad se encontraba a 3.15 Km. de allí, pero aquellos llanos que
se interponían en su camino eran extensas planicies sembradas de
maíz, trigo o cebada, o bien grandes haciendas ganaderas pobladas
con grandes arboledas y no había
ningún camino que condujera hacia dicho lugar. Lo que debía hacer el
carruaje del monarca era rodear la estatua de Carlos IV y tomar a su
izquierda por el Paseo de Bucareli, también conocido como el Paseo
Nuevo, que aunque era una vía bellamente bordeada por frondosos
árboles y recubierta de verdes prados en los espacios laterales, sería
apenas un buen camino de terracería en tiempo seco, que bien podría
convertirse en terreno fangoso en la época de lluvias.
Pero antes de continuar con el relato, quiero mostrar otra
interesante imagen, que nos da una visión muy clara de lo que era la
capital del país en 1864. El original de este documento histórico se
encuentra en el Museo de la Ciudad de México.
Haga click para ver
este histórico mapa ampliado y con más detalle
Esta histórica imagen
sólo nos muestra una parte del plano de la Ciudad de México, que se obtuvo
mediante un levantamiento topográfico ordenado por el Congreso
General en octubre de 1824, a fin de crear y delimitar el naciente Distrito
Federal, sede de los Poderes Supremos de la Federación, medido en un radio
de 2 leguas desde el centro de la Plaza Mayor. A pesar de ser de
1824, la población era casi la misma que en 1864 y por lo mismo la
mancha urbana también. Como dato curioso aparecen marcadas algunas de las
recordadas Garitas, que servían como
puntos de control en los accesos de la ciudad. También se aprecia el
Jardín de Santiago en lo que fue el mercado y el centro ceremonial
de Tlatelolco, último bastión de la defensa mexica, hoy la
Plaza de
las Tres Culturas.
En el mapa de la ciudad que muestro arriba, he
marcado con una línea amarilla la ruta que probablemente seguía el
carruaje de Maximiliano, en su diario trayecto para llegar al
castillo. Ya describí un primer tramo desde la Plaza Mayor
hasta el Caballito que tendría aproximadamente 1.7 Km. de longitud,
y un segundo tramo desde el Caballito hasta el cruce del Acueducto
de Chapultepec, recorriendo el bello Paseo de Bucareli, que tendría
una longitud del orden de 1.0 Km. Enseguida paso al último tramo, que
se tomaba dando la vuelta a la derecha, una vez que el carruaje
pasaba por debajo de los arcos del Acueducto. Es posible que este
último tramo que medía 2.5 Km. fuese el más conflictivo y el que
diera más problemas en época de lluvias, pues se trataba de una
camino que bordeaba a un costado del Acueducto de Chapultepec, en el
cauce de lo
que hoy es nuestra deslumbrante Avenida Chapultepec. Esta avenida
conserva todavía al centro de su camellón, algunos de los tramos de
arquería que pertenecieron a esta magna obra, que abastecía de agua
potable a la ciudad y terminaba en la Fuente del Salto del Agua.
La Fuente del Salto del Agua a
fines del siglo XIX, mostrando el remate de la arquería del
Acueducto de Chapultepec, hoy en la esquina del Eje Central con la
Avenida Arcos de Belén. Obsérvese la mala calidad del camino paralelo al
acueducto, muy similar al que tendría que recorrer Maximiliano en
1864.
Después de recorrer este largo tramo, Maximiliano llegaba a la base del
cerro del Chapulín y solamente restaba que ascendiera por el camino
renovado que conducía hasta la puerta del castillo. Este tramo final
representaba alrededor de 750 metros, con lo que el trayecto total
desde la Plaza Mayor hasta la entrada del Castillo habría sido de
casi 6 Km. en total, que en condiciones normales y a buen paso del
carruaje impulsado por briosos corceles debiera representarle un
poco más de
una hora de trayecto.
Sin embargo en condiciones de lluvias persistentes, como sucede en
el Distrito Federal desde mayo hasta septiembre y con mayor frecuencia
por las tardes, aquellos caminos que no estaban pavimentados,
debieron convertirse en pesadilla para el carruaje imperial y
alargar de manera considerable los tiempos de recorrido. Otra
circunstancia importante de considerar era la seguridad personal del
emperador, que como dije antes no recibía el apoyo unánime del
pueblo mexicano y podría correr el riesgo de algún atentado al
atascarse su carruaje en algún recorrido nocturno.
Pero hay también noticias de que el recién llegado emperador y ante
las situaciones arriba descritas, era afecto a enviar un propio
al Castillo, con la noticia de que le sería imposible retornar a
casa y que se vería precisado a pasar la noche en la ciudad. Esto,
se dice, enfurecía a la emperatriz Carlota y la llenaba de celos,
pues conocía la amplia disposición de Maximiliano a convivir
alegremente con algunas de las encumbradas damas citadinas.
El Paseo de la Emperatriz.
Sea verdad o mentira, fue alguna de estas situaciones meramente
personales, la que condujo a Maximiliano y a Carlota a
promover el trazo de una nueva vía, que comunicara en línea recta
desde la Glorieta del Caballito hasta el Castillo de Chapultepec.
Decir que con esta vía se reduciría de manera notable la distancia,
es bastante relativo pues como se aprecia en el plano de arriba con
una línea punteada de color rojo y
con los datos que he aportado, variaba de 3.5 Km. a 3.15 Km., o sea
una diferencia de tan solo 350 metros.
Sin embargo la idea no era tan solo construir un camino pavimentado
y directo, pues dentro de las habilidades de Maximiliano ya existía
su especial gusto por el diseño de grandes obras y este fue el
motivo que lo llevó a reunir primero a un grupo de personajes que
formaron una comisión de planificación y arte urbano, entre los
que se encontraban Carl Gangolf, el arquitecto Ramón Rodríguez
Arangoiti y los artistas de la Academia de San Carlos, Felipe Sojo,
Miguel Noreña y Santiago Rebull. Una vez establecidos los
lineamientos fundamentales que debía reunir tan espectacular
calzada, en 1864 se encargó el proyecto constructivo al ingeniero
en minas austríaco Luis Bolland Kuhmackl, (algunos le atribuyen nacionalidad francesa)
quien consideraba construir un paseo de espectacular amplitud, con
amplias y arboladas avenidas, glorietas y camellones y ornamentado
con fuentes y esculturas, muy digno del naciente Segundo
Imperio Mexicano. Siendo Bolland un profesionista europeo es
evidente que en su mente daba vueltas la imagen del Paseo de los
Campos Elíseos de París.
Por tal razón Luis Bolland proyectó, tal cual muestra el trazo del
plano de arriba y la foto que muestro más abajo, una vía monumental
que tendría dos calzadas de 9 metros de ancho y dos camellones
laterales de 9 metros cada uno, que contendrían una doble fila de
frondosos arboles y áreas verdes en toda su extensión. La longitud
total de la vía que menciona la página de
visitas guiadas del G.D.F sería de 3.46 Km., sin embargo de
acuerdo con la medición que he realizado sobre un plano de la
Dirección de Obras Hidráulicas del D.D.F a escala de 1:20,000, la
distancia que obtengo del centro de la glorieta interior de Chapultepec al centro de la glorieta que fue del Caballito es de
3.15 Km.
En el proyecto original de Bolland, sólo estaba incluida una
glorieta, que definía de manera aproximada la mitad del trayecto.
Resulta curioso que esta glorieta fue la que hoy conocemos como
Glorieta de la Palma, que nunca ha sido utilizada para albergar
ningún monumento histórico en su centro, aunque el proyecto
original concebía la idea de colocar allí el monumento a Cristóbal
Colón.
La ejecución de las obras se dejó en manos del Ministerio de
Fomento, Colonización, Industria y Comercio que encabezaba Luis
Robles Pezuela, mientras que el contrato fue asignado a los
hermanos Juan y Ramón Agea.
El ritmo de la construcción en los distintos frentes de la obra
fue verdaderamente febril durante el período comprendido entre
1864 y 1865, pues Maximilano tenía especial impaciencia por ver
terminada la calzada, aún así no fue hasta el correr del año 1866,
cuando la emperatriz Carlota Amalia tuvo la satisfacción de ver
concluida la primera sección de dicho paseo y que en su honor Maximiliano bautizó con el nombre de Paseo de la Emperatriz.
Esta vía inconclusa por lo pronto no conducía a ninguna parte y se convirtió en un
paseo ecuestre de elite, para uso exclusivo de la corte imperial.
La complejidad de la obra enfrentaba todavía serios problemas,
ante la necesidad de construir un puente de madera y mampostería a
la altura de la Hacienda de La Teja en donde existía una profunda
zanja que daba salida natural a las aguas de los llanos de la
hacienda hacia el Lago de Texcoco. Igualmente atrasados estaban
los levantamientos topográficos de la glorieta central que se
menciona arriba.
El carácter personal y elitista de la obra se demuestra cuando el
13 de octubre de 1866, queda estrictamente prohibido el tránsito
público en dicha vía, incluyendo toda clase de vehículos, bestias
de carga y cabalgaduras. Igualmente se prohibe el tránsito de
entierros, procesiones y cualquier clase reuniones de gente en la
calzada, si no es con la autorización previa del emperador.
Para nuestra fortuna, gracias a que Don Benito Juárez nunca dejó de
luchar por la Patria y a que ante el inminente enfrentamiento armado
de Francia con Prusia, Napoleon III se vio obligado a retirar
su ejército de México, el Segundo Imperio duró poco tiempo y cayó
en 1867, razón por la que Maximiliano y Carlota
Amalia nunca vieron concluida su muy personal obra.
Aún cuando la imagen que sigue es del año 1870, muestra la condición de las obras del
Paseo de la Emperatriz, y la vista que los emperadores
tenían desde el Castillo de Chapultepec, antes de su caída.
Una vista del Paseo Degollado en 1870,
(Paseo de la Emperatriz hasta 1867) visto desde el Castillo de Chapultepec.
Se
aprecia la calzada central de 18 metros y los camellones arbolados
laterales de 9 metros con una doble fila de frondosos árboles.
El Paseo Degollado.
La caída del Segundo Imperio y
el fusilamiento de Maximiliano en Querétaro el 19 de junio de 1867,
permitieron el retorno al poder de Don Benito Juárez, que
seguramente tendría asuntos más importantes y más urgentes, que
pensar en terminar el aristocrático paseo proyectado por
Maximiliano. Sin embargo se dieron dos acontecimientos importantes,
el primero que cambió de nombre, adoptando durante 1867 el de Paseo
Degollado y el
segundo que se abolió el carácter exclusivo del paseo que tenía
desde 1866 y quedó abierto al público en general a partir del 17 de
febrero de 1872.
Durante el período de Don Benito Juárez la situación no permitía
invertir en la continuación de las obras, aunque se dice que el
trazo, el desmonte de la calzada y la reforestación de los
camellones laterales desde El Caballito hasta la glorieta
intermedia, (la de Niza) se terminó sin ninguna urbanización en
1870. Le tocó al Ing. Francisco P. Herrera del Ministerio de
Fomento realizar los trabajos más indispensables de limpieza,
plantación de árboles y canalización de las aguas pluviales a través
de nuevas cunetas y excavado de zanjas. El paseo fue entregado en
1872 al Ayuntamiento de la Ciudad de México, quién tomó a su cargo
la conservación y vigilancia de la obra
El Paseo de la Reforma
Tras la muerte de Juárez y durante el período presidencial de
Sebastián Lerdo de Tejada, 1872-1876, fue que realmente se reiniciaron las obras de ornato
y urbanización del
paseo, construyéndose un largo terraplén y el puente de La Teja de 8
metros de ancho que permitió el tránsito en todo el trayecto de la
calzada. Además se hizo más ancha la calzada central y se le fue
dando forma a los andadores laterales, se plantaron nuevas
hileras de árboles, y se trazaron las primeras 4 glorietas de
110 metros de diámetro a partir
de la de Carlos IV y terminando en la de La Palma que tenía 120
metros de diámetro.
Sin embargo considero que lo más importante de
esta etapa fue la decisión de darle el nombre actual de Paseo de la
Reforma, mediante un decreto de 1872 y una vez que las
Leyes de Reforma promulgadas previamente
por Benito Juárez, adoptaron la forma constitucional en septiembre
de 1873.
Es notorio que la mayor etapa constructiva del Paseo de la Reforma,
realmente se dio durante la dictadura de Porfirio Díaz y a partir de
su primer período que fue de 1877 a 1880. Es precisamente en 1877
cuando se inaugura la primera gran glorieta con el Monumento a
Cristóbal Colón, para después en 1878 continuar con la construcción
de las bancas de cantera y la colocación de los pedestales para
sustentar sobre ellos grandes jarrones y figuras mitológicas de
manera alternada y bordeando la calzada central.
A continuación muestro lo que aparentemente es una versión posterior
de la litografía de Casimiro Castro del año 1856 que describí arriba. Esta imagen es la misma que
muestro en la segunda parte de este trabajo,
Glorietas del Paseo de la Reforma, en donde relato la forma
en que se obtuvo. Evidentemente es una versión posterior, pues aparecen los tranvías de mulitas rodeando la plaza de
toros y el trazo del Paseo de la Reforma, luciendo apenas pequeños
árboles de reciente plantación. Esta imagen de acuerdo con el sitio
del
Sistema de Transportes Eléctricos del D.F., correspondería al
año de 1880, aunque es más probable que sea de la década de los
setenta del mismo siglo.
La glorieta de Carlos IV
en la década de 1870 a 1880, mostrando el nacimiento del Paseo
de la Reforma y un par de pintorescos tranvías de mulitas rodeando
la Plaza de Toros del Paseo Nuevo. Esta imagen corresponde a la
composición de dos litografías de Casimiro Castro, para poder
mostrar la estatua ecuestre de Carlos IV y el Paseo de Bucareli.
Haga click para
ver la imagen ampliada
Esplendor porfiriano.
Poco a poco, la ciudad capital
empezó a crecer y fue en los costados del mismo Paseo de la Reforma
donde se fueron creando nuevas zonas urbanas, como fueron las
colonias Arquitectos, Paseo Nuevo, Tabacalera, Cuauhtémoc y Juárez, todas ellas
en las cercanías de la nuevas glorietas construidas.
En 1877 se inició la construcción de la segunda gran glorieta que sirvió de albergue a la
extraordinaria escultura del último emperador azteca, Cuauhtémoc,
misma que fue inaugurada 10 años después, el 21 de agosto de 1887.
Véase
Glorieta de Cuauhtémoc en este mismo sitio.
La imagen que muestro a continuación corresponde a un tramo, no
identificado, del Paseo de la Reforma en el año de 1883. Las
condiciones que se aprecian son las de una bellísima vía arbolada,
con circulación de algunos carruajes a lo lejos, pero sin ninguna
obra de urbanización, ni construcción de residencias en ambas
aceras, al menos en ese tramo.
Este es un tramo no identificado del Paseo de la
Reforma en 1883, pero debe ubicarse entre la actual glorieta de La
Palma y el Bosque de Chapultepec, que no se alcanza a distinguir al
fondo. Las calzadas son de terracería, no hay guarniciones de
banquetas y los andadores laterales son rústicos.
Como decía antes en el año de 1878 se había
iniciado la construcción de los pedestales para instalar estatuas y
jarrones en los andadores del paseo, pero la idea original era
colocar personajes de la mitología griega y alternarlos con los
jarrones decorativos. Aparentemente la idea nunca se llevó a cabo y
fue hasta el año de 1887, cuando el periodista y académico de la
lengua
Francisco Sosa y a través de una columna que publicaba en el
diario El Partido Liberal, propuso al gobierno de Porfirio Díaz que
en lugar de deidades mitológicas se colocaran estatuas de personajes
que de alguna forma hubiesen participado en el movimiento por la
Reforma.
En 1888 la propuesta fue aceptada por el gobierno y decidió otorgar
dos de los pedestales ya construidos a cada estado de la república,
de tal manera que las efigies de los personajes se alternaran con
los jarrones esculpidos en la fundición artística de Gabriel Guerra.
A partir de 1889 las estatuas se fueron colocando en sus pedestales
y fue hasta el año de 1895, cuando Don Porfirio declaró inaugurado
el conjunto histórico cultural formado por la primera parte de las estatuas de personajes
y sus correspondientes jarrones y en el tramo comprendido entre la
Glorieta de Carlos IV y el Monumento de Cuauhtémoc.
Tendrían que pasar muchos años más para que las estatuas de los
personajes de la Reforma ocuparan el tramo que va de Cuauhtémoc a la
Columna de la Independencia y después desde Carlos IV hasta la
Glorieta de Cuitlahuac. En la tercera parte de este trabajo
Las Estatuas del Paseo
de la Reforma se incluye información mucho más amplia de la vida de
cada uno de estos personajes
que resulta prácticamente ignorada por la mayoría de los mexicanos y
además la ubicación que tienen actualmente cada una de las estatuas.
Aquí se muestran las
imágenes de uno de los jarrones ornamentales que fueron fundidos
en los talleres de Gabriel Guerra y una de las estatuas de los
personajes de la Reforma.
Paralelamente a la colocación de las estatutas de los personajes
de la Reforma, otras 2 colosales estatuas fueron ordenadas por la
Secretaría de Fomento y colocadas al inicio del Paseo de la
Reforma cual centinelas que estuviesen vigilando la entrada. Este
hecho no es muy divulgado y conocido y es por ello que es la
primera foto que aparece al inicio de este
trabajo cual espectacular portada y como pequeño tributo a
esos dos personajes que pertenecen a nuestra historia prehispánica.
Me refiero a las estatuas que los mexicanos conocemos como los
Indios Verdes, pero que en realidad pertenecen a dos de los
emperadores (tlatoanis) aztecas, el cuarto que fue Itzcóatl
y el octavo que fue Ahuízotl.
Estas gigantescas esculturas que miden 6 metros de altura y pesan
4 toneladas cada una, fueron obra del escultor mexicano
Alejandro Casarín Salinas y existe discrepancia si fueron
colocadas al inicio del Paseo de la Reforma en septiembre de 1889
o de 1891. De cualquier manera y dado que se levantó una gran
polémica respecto a la conveniencia de que ocuparan dicho sitio,
fue relativamente corto el tiempo que permanecieron allí y para el
año de 1901, fueron trasladadas a los costados del Canal de la
Viga, precisamente al inicio del que fuera entonces tan popular
paseo. En la foto que sigue se puede apreciar el estado que
guardan en la actualidad y el sitio que ocupan.
Los Indios
Verdes en su localización actual, son esculturas de bronce que han
adquirido un color verde por la capa de óxido, pátina, adquirida
por el paso del tiempo. Itzcóatl a
la izquierda es
un
hombre joven
y porta una espada de madera con cuchillos de obsidiana, un
macuahuitl, fue el
cuarto tlatoani azteca. Ahuízotl
es el viejo y tiene un mazo entre sus brazos, fue el octavo tlatoani azteca. Después de ocupar el lugar
principal a la entrada del Paseo de la Reforma, fueron trasladados
en 1901 al inicio del Paseo de la Viga en, para después en 1939,
ocupar la glorieta de acceso a la Ciudad de México, cuando se
entraba por la vieja carretera de Laredo, actualmente y desde los
años 70 se encuentran en un lugar cercano, denominado estación
Indios Verdes de la línea 3 del Metro.
El alumbrado público, no eléctrico, de las
calles y avenidas de la Ciudad de México data del siglo XIX, por
lo que para los inicios del año de 1885 la
canalización del gas para estos fines era mediante
una red de tuberías de 25 cm. de diámetro con una longitud cercana
a los 100 kilómetros
y que abastecían a más
de 2,000 faroles de gas. Sin embargo la electricidad llegó a la red de alumbrado
público hasta el año
de 1880 cuando
se llevaron a cabo los primeros experimentos mediante la
colocación de dos lámparas incandescentes, una en el kiosco
central y otra en el jardín de la Plaza de la Constitución.
Sin embargo no fue hasta 1894 cuando
Alberto Best, Regidor de Alumbrado Público, lanzó la convocatoria
para cotizar dicho servicio siendo la Compañía Mexicana de
Electricidad, filial de la Siemens Halske, la que ganó la
licitación para dotar a la ciudad de México de arbotantes
semejantes a los que existían en la ciudad de Berlín, muchos de
los cuales quedaron instalados en el Paseo de la Reforma. En las
fotos que siguen se muestra el tipo de faroles referidos.
Esta fotografía de Charles
B. Waite vale la pena mostrarla dado que corresponde al
crucero de la calle de Las Artes (hoy Maestro Antonio Caso) con el
Paseo de la Reforma y se muestran entre otras cosas, al fondo la
glorieta con el Monumento de Cristóbal Colón, sobre la banqueta
uno de los pedestales aparentemente con uno de los jarrones
fundidos por Gabriel Guerra, las calzadas no estaban todavía
asfaltadas y uno de los postes metálicos para el alumbrado público
aún no tenía montado el farol. Esto indicaría que la foto
corresponde al año de 1895 a 1900. También se dice que fue en este
preciso sitio en donde se instaló la primera "torre de luz" en el
año de 1893, que causó asombro y curiosidad del vecindario por la
intensidad de luz que producían las lámparas eléctricas.
Esta fotografía debe de ser
posterior a la anterior y muestra uno de los últimos tramos del
Paseo de la Reforma ya casi llegando a la entrada del Bosque de
Chapultepec (se aprecia el castillo al fondo). Por el contrario de
la otra, los faroles del alumbrado público ya estaban colocados,
estaban construidas guarniciones y andadores laterales, pero las
calzadas aún no estaban asfaltadas. También se aprecia que no se
habían construido todavía las calles laterales y ampliado los
andadores, por lo que la foto debe situarse entre 1895 que se
instaló el alumbrado y 1900 que fue cuando se iniciaron las obras
de ampliación.
Al cambio de siglo el
régimen dictatorial de Porfirio Díaz estaba entrando en una etapa
complicada, en la cual la inconformidad del pueblo lo presionaba
fuerte a dejar el poder y a que convocara elecciones libres. Sin
embargo esto no bastó para que se detuviera su programa de grandes
obras, pues el motivo ciertamente importante era la ya
próxima celebración de las fiestas del centenario de nuestra
Independencia. Entre aquellas obras que se
iniciaron destacan; el majestuoso y nuevo Teatro Nacional,
hoy el Palacio de las Bellas Artes; el extraordinario proyecto del
Palacio Legislativo,
hoy Monumento a la Revolución y el nuevo
edificio del
Palacio Postal, hoy conocido como Correo Central.
Pero es indudable que una de las más bellas obras legadas para la
posteridad fue la construcción de la Columna de la Independencia.
Sobre este tema ya existe información en este mismo sitio, tanto
en los textos sobre las
Glorietas del Paseo de la Reforma, como en
el resumen sobre la
Columna de la Independencia.
Desde la colocación del Monumento de Cuauhtémoc en 1887, el
crecimiento de la mancha urbana se había mantenido a su alrededor,
mientras que
el resto de los terrenos que colindaban con el trazo del paseo
desde ese lugar hasta Chapultepec, eran terrenos de uso agrícola,
ganadero o bien simplemente pantanosos e inútiles. Es factible que al conocerse los
detalles del proyecto del monumento a nuestra Independencia,
muchos de los propietarios de las tierras circundantes, se dieron cuenta de que era el momento de iniciar nuevos
proyectos de urbanización y así fue que para el año de 1902 ya se
habían iniciado los trazos de la que se conocía como Colonia
Reforma o de La Teja, que se asentaba en los terrenos
pertenecientes a la hacienda de este último nombre y propiedad del
señor Martínez de la Torre. En las dos
siguientes imágenes correspondientes al año de 1906, se
aprecia con toda claridad la ubicación de este enorme desarrollo urbano,
entonces totalmente despoblado y la situación, errónea, de
la que sería sin igual Columna de la Independencia, aunque en
realidad ésta sería inaugurada hasta 1910. La colonia Reforma
después se dividió en dos partes, la colonia Cuauhtémoc y la
colonia Juárez.
Este es una curiosa pero
ilustrativa imagen aérea en perspectiva de la Ciudad de México en
1906, no se trata de una fotografía, pero posiblemente se utilizó
alguna foto tomada desde un globo para poder pintarla. Aquí se
muestra solamente la sección que nos interesa y que muestra el
Paseo de la Reforma desde la Glorieta de Cuauhtémoc hasta
Chapultepec. La fecha corresponde al año de 1906, del autor no
tengo el nombre y la capital tenía entonces 400,000 habitantes en
la ciudad y 550,000 en el Distrito Federal. Para el año de 1906,
la Columna de la Independencia se encontraba todavía en
construcción y por esas fechas apenas se habría construido la base
de cimentación y el pedestal, que al iniciar la construcción de
la columna empezaron a hundirse y tuvieron que ser desmontados
totalmente y hacer una nueva cimentación con pilotes de madera.
Debe de ser por este motivo que la posición de la Columna de la
Independencia en la pintura, ¡está en una glorieta incorrecta!
Véase la siguiente imagen.
Gracias a la capacidad de
edición que tenemos ahora, en la imagen de arriba he corregido la
posición de la Columna de la Independencia, colocándola en la gran
glorieta de 200 metros de diámetro que ocupa desde septiembre de1910,
fecha en que fue
inaugurada. A fin de que resulte más objetiva, también he marcado
los nombres de algunos de los puntos de interés. La Verónica
corresponde con el trazo del Circuito Interior en su tramo de Melchor Ocampo y el Acuéducto con la Avenida Chapultepec. El
Hipódromo de la Condesa con la Colonia del mismo nombre. Se aprecia
con claridad que la mancha urbana parecía estar limitada por una
línea que corresponde con el trazo de la Avenida Insurgentes Sur,
que entonces no existía. Se aprecia también el trazo de las grandes
manzanas de las colonias Juárez y Cuauhtémoc, en ambos lados del
paseo.
Otro proyecto de singular importancia y de gran trascendencia para el
futuro de tan bella avenida, fueron las obras iniciadas en 1900 y
terminadas en 1910, que tenían por objeto ensanchar y remozar
totalmente el tramo comprendido entre la glorieta de Cuauhtémoc y el
Bosque de Chapultepec. El trazo original del paseo según el diseño
de Bolland de 1864 era de 18 metros de calzada y 2 camellones
laterales de 9 metros cada uno, que sumaban en total 36 metros de
ancho uniforme en toda su extensión. En el plano oficial de atarjeas
de Don Roberto Gayol de 1890, el ancho de la avenida medido a
escala, es de aproximadamente 40 metros en todo el trayecto.
Para principios de del siglo pasado (1900) había un buen número de
residencias construidas en ambos lados del paseo, pero terminaban en
las inmediaciones de la glorieta de Cuauhtémoc,
véase plano, por lo tanto era un buen momento para promover el ensanche de la
avenida, mediante dos franjas laterales de 15 metros cada una, que
permitirían ampliar los camellones y crear dos calles laterales y
banquetas más amplias. En una de las fotos anteriores,
ver aquí, se aprecia con claridad lo que indico, aparentemente
la calzada central había sido ensanchada de los 18 metros originales
hasta posiblemente 24 metros de ancho y por lo mismo se aprecia que
los camellones laterales se habrían reducido de 9 metros originales
a cerca de 6 metros de amplitud. Una razón más de estas obras fue
que el ensanche de la avenida estaba ligado al proyecto de
construcción de la Columna de la Independencia, que requería de una
magna glorieta, como lo es hoy y que debería de tener un diámetro
muy cercano a los 200 metros. En la foto que sigue se aprecia el
paseo en el mismo tramo de arriba, pero ya ensanchado y que según
mis cálculos coincidiría con el ancho que tiene actualmente en ese
tramo que es del orden de 90 a 95 metros.
Esta imagen debe de ser del
año1910 o muy cercana a él, pues ya muestra los camellones laterales
ensanchados y las calles laterales por donde circulaba una ruta de
los
tranvías eléctricos que llegaba hasta Tacubaya y que de hecho fue
la primera que se inauguró en 1900. Las calzadas aún cuando tenían
un recubrimiento de macadam, aún no se encontraban asfaltadas ni se
aprecian automóviles circulando, ni huellas de sus llantas..
Para el mes de septiembre de
1910, nuestro país celebró con gran entusiasmo y gran alegría la
llegada del primer centenario del grito de Independencia que dio
Don Miguel Hidalgo en 1810. Poco tiempo le quedaba a Porfirio Díaz
en el poder, pero por fortuna para entonces la belleza del Paseo
de la Reforma había llegado a su máxima expresión.
No creo que pueda ser capaz de describirlo mejor de lo que hace el
arquitecto Ignacio Ulloa del Río en su libro "El Paseo de la
Reforma, Crónica de una Época" y voy a permitirme reproducir aquí
uno de sus elocuentes párrafos:
"Con el paso del tiempo el proceso de urbanización capitalina
no pasó por alto al Paseo de la Reforma, de tal manera que plantas
como el botón de oro, el chicalote y el gordolobo dejaron su lugar
a refinadas construcciones propiedad de familias acaudaladas. La
belleza con que fue concebida la calzada y su relación con el
milenario Bosque de Chapultepec -residencia veraniega de Porfirio
Díaz- , eran atractivos para construir casas de campo, quintas,
palacios, lujosos hoteles y establecimientos recreativos. Muchas
de estas edificaciones estaban acondicionadas con buen gusto; los
muebles comprados en el extranjero eran redecorados con
incrustaciones de cedro y otras maderas preciosas. Los amplios y
ornamentales jardines que rodeaban estas residencias , tenían
fuentes que lanzaban chorros de agua, refrescando el ambiente y
las plantas. Altas torres con con curiosos tallados en cantera y
manzardas con tejas de pizarra destacando su pátina del cielo,
eran comunes en estas construcciones. Era tal el delicado
refinamiento que no se encontraba un espacio exento de
ornamentación abigarrada."
Bien poco tiempo faltaba ya, para que aquella tranquilidad y
belleza que privaba a lo largo de la gran avenida, empezara a
verse interrumpida con la llegada de los ruidosos y contaminantes
vehículos automotores impulsados por gasolina. Hasta entonces, los
vecinos estaban acostumbrados a escuchar el agradable golpeteo -todavía
lo escuchamos en las calandrias para turistas en Mérida o en
Acapulco- del trote de los caballos que impulsaban los elegantes
carruajes y las alegres carretelas al pasar frente a sus
residencias o bien el inconfundible traqueteo de las ruedas y el
característico zumbar de los motores eléctricos que
impulsaban a los tranvías eléctricos en el momento de acelerar.
Las dos siguientes imágenes son representativas de lo que aquí se
dice, la primera describe mejor que nadie, la belleza, la
limpieza, el orden y la tranquilidad que existía, la segunda nos
muestra la celebración de las fiestas patrias a lo largo de la
gran avenida. Supongo que ambas corresponden al año de 1910, por
lo que la tumultuosa celebración de la segunda pudiera coincidir
con la celebración del Centenario de nuestra Independencia.
Esta fotografía corresponde
a uno de los primeros tramos del Paseo de la Reforma pues parece
verse al fondo la silueta del Monumento a Cristóbal Colón, pero
muestra además un impecable paisaje urbano; las grandes
residencias, una angosta calle lateral por la cual circulaba el
tranvía eléctrico, las características bancas de cantera, los
todavía amplios y arbolados andadores que existieron en ese tramo
hasta 1949, los jarrones de bronce en sus clásicos pedestales, las
estatuas de los Hombres de la Reforma, los altos y ornamentados
postes de los cuales quedaban suspendidos los faroles eléctricos
similares a los que existían entonces en Berlín, las calzadas aún
sin asfaltar y los carruajes circulando plácidamente, sin ninguna
prisa y sin congestionamientos...
Esta imagen que muestra el
paseo visto desde atrás del Caballito, en un día de celebración de
las fiestas patrias, bien pudiera ser de 1910, durante las Fiestas
del Centenario
Para el año
de 1911 finalmente la dictadura de Don Porfirio llegó a su fin
y se vio obligado a salir del país. Las elecciones libres llevaron
al poder a
Francisco I. Madero en ese mismo año, pero su gobierno
legítimo estuvo lleno de enfrentamientos armados y traiciones que
finalmente condujeron a su asesinato el 22 de febrero de 1913 en
unión de José María Pino Suárez quién fungía en el cargo de
vicepresidente.
La traición de Victoriano Huerta durante los enfrentamientos de la
Decena Trágica en las cercanías de la Ciudadela, aparte de las
intrigas políticas y múltiples pérdidas de vidas humanas, dejaron
grandes destrozos en esa zona de la ciudad, que está muy cercana a
la Glorieta de Carlos IV. En la segunda parte de este trabajo que
se refiere a las glorietas del paseo digo que en
la primera glorieta del que fuera Paseo de Bucareli estuvo la
Fuente de la Libertad y que el Reloj
Chino la había substituido años después. En la foto que sigue se
aprecia dicha glorieta tal cual quedó después de los sangrientos
enfrentamientos de la Decena Trágica. Paradójicamente se estaba
iniciando una sangrienta lucha entre hermanos, precisamente en la
búsqueda de la libertad. Los terribles años de la Revolución Mexicana habían
llegado..
El Reloj Chino localizado en
la primera glorieta del que fue Paseo de Bucareli tal cual quedó
en los enfrentamientos armados de la Decena Trágica en los
primeros días del mes de febrero de 1913.
Hasta donde yo se, el Paseo
de la Reforma no sufrió ningún daño en sus monumentos, ni en su
mobiliario urbano, durante los años de la Revolución mexicana.
Pareciera haber nacido con buena estrella, pues hasta Don Benito
Juárez que odiaba a Maximiliano, se preocupó por conservarlo y
después continuar tan bella avenida.
Por el contrario, lo que sucedió en esos años fue que mucha
gente acomodada de provincia huyó del peligro de la guerra civil y
se vino a refugiar precisamente en las nuevas y aristocráticas
colonias que se habían desarrollado en ambas aceras del paseo y
que para entonces llegaban hasta las inmediaciones de la Glorieta
de la Independencia. Era mucho más seguro vivir en la capital del
país y por lo mismo muchos de ellos invirtieron grandes fortunas
en la construcción de sus afrancesados palacetes.
Pero no debemos de pensar que fue una época fácil, pues además del cruel e innecesario enfrentamiento que trajo la muerte
de muchos cientos de miles de mexicanos,
ver esta tabla,
la Revolución Mexicana también trajo la incertidumbre permanente
de la población capitalina, la ocupación de muchas de las
opulentas residencias del Paseo de la Reforma por los jefes
revolucionarios y finalmente la miseria y
el hambre por la escasez de abastecimientos e incremento de los
precios; todo ello provocado por la encarnizada lucha por el poder
político. Recomiendo leer
Entre Dos Fuegos de Alejandro Rosas Robles.
Sin embargo y sin darse cuenta, nuestra bella ciudad capital
estaba incursionando también en una nueva etapa, que entonces
nadie pudo imaginar el gran daño ecológico que con el paso de los
años le traería. Me refiero a la llegada de los automóviles de gasolina,
un muy útil y ahora imprescindible invento del hombre, pero que por desgracia contamina y
degrada el ambiente.
En la foto que sigue se muestra el Paseo de la Reforma en
los años últimos de la Revolución, que ya muestra la incipiente
llegada de los automóviles y que por alguna razón desconocida para
mí, los capitalinos dieron por llamar "coches".
Otra vez el simbólico Caballito que había visto
la transformación urbana de la ciudad capital desde 1852, ahora
pareciera observar con admiración y asombro los característicos
automóviles que rodeaban el monumento, posiblemente los inolvidables Ford modelo T, que por más de 15 millones se diseminaron
por el mundo entre 1908 y 1927.
Terminada la Revolución, entró
por fortuna un largo y permanente período de paz, que vino a
impulsar el crecimiento sostenido de la gran avenida capitalina,
pero aún conservando su perfil urbano aristocrático y su excepcional
belleza.
Hace unas semanas tuve el gusto de recibir de manos de un buen amigo
capitalino, una extraordinaria foto aérea que nos muestra como era
la glorieta del Angel de la Independencia en aquellos años. Es muy
posible que la fecha en que se tomó la foto referida, se ubique entre los años 1916 y 1918, dado que ya se
aprecian las calzadas perfectamente asfaltadas y se muestran además
las inconfundibles huellas que dejan las llantas de los
automóviles. Vean la foto a continuación.
Haga click para ver esta imagen ampliada y con mayor detalle.
Esta impresionante foto aérea fue tomada posiblemente entre 1916 y
1918, muestra además de la Columna de la Independencia inaugurada en 1910,
el paisaje urbano de la época mostrando múltiples terrenos baldíos,
algunos todavía pantanosos y además las escasas construcciones
diversas. Lo más importante de esta imagen es el hecho de que
aparece allí la residencia ubicada en el número 365 del Paseo de la
Reforma. Esta casa del tipo chalet alpino fue terminada precisamente
en 1916 y fue propiedad de la familia Cusi, sin embargo es una
de las pocas residencias de la época porfiriana que aún existe y que
recientemente fue totalmente restaurada. De las tres casas que aparecen arriba y a la
izquierda de la Columna de la Independencia, la casa número 365 es
la del medio.
La identificación de la casa número 365 en la foto anterior nos
brindó, sobre todo, la oportunidad hacer una comparación
impactante de como fue y como es ahora esta importantísima parte
de nuestra ciudad.
La residencia mencionada fue construida por el arquitecto
Goyeneche, quién inició las obras en 1906 y las terminó 10 años
después, ocupándola en 1916 la familia Cusi; sin embargo y de
acuerdo con lo que nos indicaba el arquitecto Ulloa del Río en su
libro que escribió en 1997, para ese año solamente quedaban 14
construcciones porfirianas sobre el Paseo de la Reforma y ésta, la
número 365, por fortuna es una de ellas.
Localizarla en una foto reciente entre el mar de rascacielos, fue
tarea difícil, más no imposible. En la comparación que sigue
podrán ver donde quedó, atrapado entre la jungla de concreto y
cristales, el orgulloso chalet alpino que perteneció a la familia
Cusi en 1916 y que hoy lucha por sobrevivir y dejar huella por
muchos años más, sobre todo ahora que se encuentra bellamente
restaurado.
Esta interesante imagen está
compuesta por dos fotos: arriba una foto posterior al año 2000 y
abajo una foto de 1916-1918. Ambas muestran la misma zona y los cambios
que se han dado en cerca de 90 años transcurridos. Del lado
izquierdo se muestran dos flechas amarillas que señalan a la casa
365 del Paseo de la Reforma, que como se dijo arriba ha sido
totalmente restaurada y se encuentra actualmente atrapada entre
los rascacielos. Del lado derecho se aprecian otras dos flechas
que señalan una construcción de la época porfiriana que también ha
logrado subsistir a la piqueta destructora. En el área de
estacionamiento de la foto superior actualmente se construye la
impresionante y simbólica Torre Águila.
Remodelación
de 1949.
Para el Arq. Ulloa del Río la etapa de 1940 a 1949 marca la
desfiguración total del Paseo de la Reforma. El crecimiento
acelerado del país, combinado con el aumento del número de
vehículos automotores circulando por las calles y avenidas de la
ciudad, impulsó desde los años 30 la apertura de nuevas avenidas como fueron 20 de
Noviembre inaugurada en 1936 y San
Juan de Letrán ampliada y prolongada con el nombre de Niño Perdido en 1934,
solamente por nombrar dos de las más importantes.
El Paseo de la Reforma no quedó atrás y primeramente había sido
prolongado en los años 20 rumbo a
la nueva colonia de gran lujo conocida entonces como Chapultepec
Heights y que ahora conocemos como Lomas de Chapultepec y después
hasta el entronque con la carretera de Toluca.
Pero como decía al principio, esta etapa de los años 40 incluye la remodelación
general que realizó el Departamento Central (Gobierno del D.F.)
encabezado por Fernando Casas Alemán entre 1948 y 1949, que llegó
incluso al extremo de plantar cactus, nopales y visnagas en el
camellón central del otrora aristocrático paseo. Vean enseguida
una histórica foto del aspecto que mostraba el "Paseo de la
Nopalera".
Esta histórica fotografía
del año de 1950, y que después de mucho buscar la pude encontrar
en el sitio web de la familia Markham:
www.markhams.com, muestra a
Bruce Markham, hace más de 50 años, durante su visita a la Ciudad
de México, para tomar los entonces famosos cursos de idiomas del Mexico City College. ¡Gracias Bruce!
Observen los cactus "adornando" el camellón central, el volumen vehicular y los modelos de autos y autobuses.
La remodelación que realizó el regente Casas
Alemán fue bastante radical pues incluyó los siguientes conceptos:
En el tramo que va de la antigua glorieta del Caballito hasta el Monumento de Cuauhtémoc se redujeron los
camellones laterales hasta entonces bellamente
arbolados y
ornamentados con bancas y andadores, hasta llegar a su
mínima expresión con el fin de ampliar las calles laterales
y las banquetas. De esta manera quedaron reducidos a un
mínimo de 2 metros en donde permanecieron, por fortuna, las
estatuas de los hombres de la Reforma y el espacio necesario
para acomodar algunos árboles y los postes y luminarias del
alumbrado público.
En toda la extensión del Paseo se
construyeron nuevas guarniciones de concreto que substituyeron
los antiguos paralelepípedos de cantera y se reniveló todo el
trazo de la vía. De igual manera y para cumplir con normas de
vialidad, las
antiguas calzadas originalmente de 9 metros de ancho fueron ampliadas hasta
aproximadamente 11.00 metros (3 carriles de 3.66 metros) y se
creó un camellón central del orden de 2 metros de ancho.
Se repavimentaron todas las calzadas
centrales y laterales con losas de concreto hidráulico de 3.00
por 6.00 metros y con un espesor de 20 cm., a su vez separadas
por juntas de expansión.
Las bancas de cantera que existían en el
primer tramo y que fueron retiradas al reducirse el camellón,
fueron relocalizadas en los amplios camellones del segundo tramo
del paseo entre el Monumento de Cuauhtémoc y la antigua glorieta de la
Diana Cazadora,
Desapareció la glorieta original del
Monumento a Cuauhtémoc recorriéndose la estatua del último
emperador azteca a un nuevo sitio que coincidía aproximadamente
con la intersección de los ejes de Reforma e Insurgentes. Véase
más sobre este tema en
Las Glorietas del Paseo de la Reforma
en
este mismo sitio. Por tal motivo al desintegrarse el trazo
circular y original de la glorieta también desapareció su
ornamentación formada por bancas de cantera rodeando la
glorieta, así como las antiguas rejas y lámparas decorativas.
Al crearse el nuevo camellón central, fueron
desmontadas las antiguas y decorativas unidades de iluminación
instaladas por Don Porfirio Díaz al centro de la calzada y el
camellón central se "decoró" como ya hemos dicho con cactus del
jardín botánico de Chapultepec.
Se modernizó toda la red de distribución de
electricidad, la cual se había iniciado desde principios de
siglo, convirtiéndose totalmente del tipo subterráneo
(desapareciendo postes y alambres de todo tipo) y
se colocaron las subestaciones eléctricas dentro de profundos fosos
de visita alojados
debajo de las banquetas y camellones,
El sistema de iluminación de la gran avenida
fue transformado y en su momento fue de lo más avanzado, pues constaba de postes de
8 metros de altura colocados a los lados de cada vía y a una
distancia aproximada de 25 metros entre si, cada uno de ellos equipado
con ménsula y una unidad incandescente de 1000 watts.
Característico de la época era el uso de circuitos tipo serie
con transformadores de alta tensión que regulaban la corriente
de tal manera que al fundirse uno de los focos, el resto de
ellos continuaba funcionando. En la actualidad este
sistema ya no se usa.
Como puede observarse la remodelación y
modernización de la gran avenida fue casi total, iniciándose así
una nueva era de modernismo y acelerando el cambio de fisonomía de
la aristocrática avenida de principios del siglo XX, por el de una vía
altamente comercial y dinámica, que era ya una absoluta y tangible realidad en
el tramo comprendido entre la glorieta de El Caballito y la
Glorieta de Colón.
En la foto que sigue tomada en los años 50, es evidente la transformación de la gran avenida y se observan
los grandes edificios que iniciaban con la Lotería Nacional y el
edificio Corcuera (Goodrich Euzkadi) en El
Caballito hasta llegar a la Glorieta de Colón donde se
encontraban entre otros, el que era parcialmente ocupado por la
Embajada de Estados Unidos y el de la Secretaría de Recursos
Hidráulicos construido por el arquitecto Mario Pani.
Se puede observar también el trazo de la monumental glorieta de
Colón, que en 1949 no tenía las calzadas centrales a los
lados del monumento y que dieron lugar a colosales congestionamientos de automóviles al rodear la glorieta.
En esta excelente vista
aérea del Paseo de la Reforma en 1950 se aprecia la Glorieta de
Colón luciendo el nuevo pavimento de concreto y los altos
edificios, algunos de más de 20 pisos que comenzaban a formar
parte del nuevo paisaje de la gran avenida. Es notable la
desaparición de las zonas arboladas en los camellones laterales de
este tramo, que fueron substituidas por las calzadas de
tránsito lateral.
El Paseo de la Reforma en
los años 50. Después de la remodelación de 1949 el paseo no tuvo cambios
mayores, salvo que su sistema de alumbrado público que era del tipo
serie en alta tensión, haya sido substituido por uno mucho más
eficiente y moderno a base de luminarias de vapor de mercurio que
utilizaban una balastra montada en la base piramidal del poste. La
mayor eficiencia de estas unidades permitió una mayor cantidad de
luz utilizando focos de 400 watts, en vez de los de 1000 watts
incandescentes.
La gran vía siguió creciendo y surgieron cada vez más altos
edificios que a su vez fueron substituyendo las viejas pero muy
bellas casonas del porfiriato.
Un hecho importante fue el sismo de julio de 1957, que estremeció la
capital con tal fuerza que derribó el ángel de la independencia,
véanse fotos y derrumbó varios edificios y dejó dañados muchos otros
que tuvieron que ser reforzados algunos, como el de la Secretaría de
Recursos Hidráulicos y derribados otros como el muy famoso edificio Corcuera, con el anuncio de las llantas Goodrich Euzkadi en su parte
más alta.
En la siguientes dos fotos que muestran la intersección vial de
El
Caballito, se muestra el edificio que fue derribado y a lo lejos el
de la SRH que fue muy dañado al igual que otros dos cercanos a la
glorieta de Cristóbal Colón. Por el contrario el edificio de la
Lotería Nacional no sufrió ningún daño.
Las dos fotografías de
arriba ambas prácticamente de la misma fecha, muestran la
intersección vial vulgarmente conocida como El Caballito, que
correspondía a la estatua ecuestre de Carlos IV y que se
encontraba allí desde 1852. Se aprecia el edificio Corcuera con la
gigantesca llanta Goodrich en su parte más alta, que
posteriormente fue derribado a raíz de los daños que le causó el
sismo de julio de 1957.
La prolongación hacia el
noreste de los años 60. Es evidente que esta etapa constructiva me tocó vivirla más de
cerca, pues para entonces ya había terminado mi carrera de
ingeniería eléctrica y por mi trabajo tenía que transitar por casi
todos los ámbitos de nuestra entonces pujante y bella capital del
país.
Pero aunque esta obra se le debe a la tenacidad y eficiencia del
gobierno de Don Ernesto P. Uruchurtu, la concepción y el proyecto
fue anterior a su gestión como Regente.
Aunque no tengo manera de documentarlo, quiero referirme solamente
a mis lejanos recuerdos de adolescente y narrar como fue que surgió esta idea, pues en su época
fue motivo de una fuerte controversia. Fue seguramente entre los
años de 1946 y 1948 cuando surgió la posibilidad de tener un Plano
Regulador de la Ciudad de México, mediante el cual pudiera
planearse el crecimiento ordenado de la urbe y además proyectar
las grandes avenidas que darían fluidez al transito vehicular de
la zona central.
Fue tanto el impacto que causó entre los especialistas y
urbanistas de aquella época, que desató gran polémica en los
diarios de circulación nacional como El Universal y Excelsior,
denominándolo por su gran envergadura y quizá por su poca
viabilidad, como el "Proyectazo".
El proyecto incluía la ampliación de la Avenida Pino Suárez desde
el zócalo hasta la Calzada de Tlalpan de tal forma que se creara
un par vial con la Avenida 20 de Noviembre inaugurada en 1936, pero
además hacia el norte
también contemplaba la ampliación de dos calles de gran tradición
y repletas de edificios coloniales y ruinas arqueológicas
prehispánicas como lo eran Brasil y Argentina, que según el
proyecto se harían mas anchas hasta la Glorieta de Peralvillo.
De esta primera parte del Proyectazo le tocó a Uruchurtu durante
su primer período de gobierno, concretar la ampliación de la
Avenida Pino Suarez hasta su entronque con la Calzada de Tlalpan y
no conforme con ello convertir dicha calzada en lo que fue
primera vía rápida de superficie de la capital, construyendo un buen número de
pasos a desnivel y también el primer trébol distribuidor de 4
hojas en su entronque con el Viaducto Piedad, que también se
construyó en aquellos días. Sin embargo las calles de Brasil y
Argentina resultaron, por fortuna para los arqueólogos, intocables, por las razones
antes dichas.
La segunda parte del Proyectazo era mucho más ambiciosa pues
contemplaba continuar en diagonal el Paseo de la Reforma hasta
entroncar con la Glorieta de Peralvillo, creándose además tres
nuevas glorietas y la ampliación de las avenidas transversales a
la altura de Violeta, Mosqueta-Rayón y Nonoalco-Matamoros. Por si
esto fuera poco la Avenida Santa María la Redonda que era angosta
e iniciaba en la calle de Belisario Domínguez, también debía
ampliarse y prolongarse hacia el norte, previendo su entronque con
la Avenida de los insurgentes. Esto último le daría continuidad al
eje norte-sur formado por Niño Perdido, San Juan de Letrán,
Aquiles Serdán y la mencionada Santa María la Redonda, vialidad
que hoy conocemos como Eje Central Lázaro Cárdenas.
Todo esto que en su mayor parte hoy es una realidad, en aquellos años era
considerado algo más que una locura imposible de realizar.
Enseguida trato de mostrar un plano simplificado que en
términos generales y solamente basado en mis recuerdos, muestra la
propuesta del
Plano Regulador de la Ciudad de México de los años 40.
Plano de la zona centro de la
Ciudad de México que muestra el proyecto de prolongación del Paseo
de la Reforma hacia el noreste que se proponía en los años 40 y que
incluía además la ampliación de otras importantes vías de la ciudad.
Lo que se antojaba imposible en aquellos años se convirtió en
realidad en los años 60, durante el largo período del Lic. Ernesto P. Uruchurtu en la regencia del D.F. Oprima aquí para ver el plano en
detalle a su tamaño natural.
Antecedentes de la
prolongación del noreste. Realizar actualmente una obra de tal envergadura, me imagino que
sería la causa de grandes manifestaciones como las de los macheteros
de Atenco, pero en el México de los 60, gobernado por lo que yo
llamo una Semi-democracia, pues existía libertad de empresa, pero nos
gobernaban regímenes autoritarios (por los que muchos parecen
suspirar en el presente), si el regente tenía el apoyo incondicional
del presidente en turno, era un hecho que la obra se hacía. Y así
fue, la obra se hizo.
¿Pero cual era el entorno de acontecimientos nacionales de los
cuales formaba parte y era apenas un eslabón la ampliación del
paseo?
¡México crecía! Se hablaba ya de su moneda fuerte y había sido
elegido como sede de los Juegos de la XIX Olimpíada y por si fuera
poco de la Copa Mundial Jules Rimet de 1970.
El mundo hablaba del milagro mexicano y muchos jóvenes como yo era
entonces, así lo creíamos. El PIB crecía a niveles promedio por
arriba del 6% y llegaría en 1964 al ¡11%! y el poder adquisitivo del
salario mínimo real estaba llegando a sus niveles más altos, antes
de su estrepitosa caída de los años 70. Una persona de clase media
podía comprarse un "vocho" o un Renault por $18,000.00 y comprar
gasolina o pagar casetas de peaje resultaba una verdadera ganga. ¡No
se sentía el gasto!
Pero había algo más y a mi modo de ver, una de las cosas que siempre
caracterizaron a los proyectos que emprendió Uruchurtu: Había dinero
con que hacerlos, sin necesidad de endeudarse.
En los 60 un sinúmero de obras públicas estaban en proceso en el
país y en especial en la Ciudad de México, pues se requería de
infraestructura vial para el desarrollo de las Olimpíadas; sin
embargo la prolongación del paseo más tenía que ver con una obra
habitacional que con la Olimpíada. Me refiero al complejo
habitacional de 102 edificios que conformaban el proyecto de la Unidad
Habitacional de Nonoalco-Tlatelolco.
Cuatro grandes avenidas rodeaban al conjunto: Manuel González al
norte, Nonoalco (hoy Flores Magón) al sur, Insurgentes Norte al
poniente y precisamente la prolongación del Paseo de la Reforma al
Oriente. Además de ello otras dos importantes avenidas lo cruzaban
de sur a norte y eran la prolongación de Santa María la Redonda (hoy
Eje Central) y la avenida Guerrero. En el plano del "Proyectazo" que
muestro arriba, la traza de la ciudad es de 1929 y por lo mismo se
aprecia claramente que los terrenos que menciono estaban entonces
ocupados por las terminales de carga y patios de maniobras de los
Ferrocarriles Nacionales de México. Cuando se terminó la entonces
nueva terminal de carga de Pantaco, aquellos terrenos se utilizaron
para construir el centro habitacional.
Otra cosa que debe de observarse es la situación de la Estación de
Buenavista, que también en los años 50 se construyó completamente
nueva, pero alineada varios centenares de metros hacia el norte, con
la calle de Mosqueta, hoy Eje Vial 1 Norte.
El proyecto de Nonoalco-Tlatelolco de hecho era solamente la primera
etapa de un muy ambicioso programa de regeneración urbana, que
contemplaba una segunda y gigantesca ampliación que incluía los
barrios de Tepito y La Merced hasta llegar a las inmediaciones de
San Lázaro. Por lo tanto la idea de prolongar el paseo, formaba parte de
este megaproyecto de cambio de fisonomía urbana y construcción de
vivienda digna, bajo el esquema del edificio multifamiliar que
prevalecía desde mediados de los años 40, cuando el Arq. Mario Pani
concibió y construyó el complejo multifamiliar Miguel Alemán, que
aún funciona al sur de la ciudad capital.